La lluvia juega un papel crucial en la prevención y control de los incendios forestales. Las lluvias intensas, como las que ocurren durante los meses de invierno y primavera en Portugal, ayudan a mantener la vegetación húmeda, reduciendo significativamente el riesgo de incendios. Además, la lluvia facilita la extinción natural de incendios pequeños y ayuda a recuperar las áreas quemadas.